Pero nunca se paró

Tic-tac. Tic-tac. Era tan sumamente horrible el sonido de aquel reloj que decidí destrozarlo a pedazos.
Sin embargo, pasado un tiempo, descubrí que destrozarlo sólo fue un acto para detener el tiempo.

Pero nunca se paró.

Ahora el tic-tac suena en mi mente. Y eso...

Eso es peor.

.

No hay comentarios:

Publicar un comentario