ADIÓS

Aquella mañana despertó, y aunque ella creyó haber dormido una eternidad se dio cuenta que dos horas bastaban para seguir adelante con un nuevo día. Un nuevo día que anunciaba un antes y un después en todos los aspectos que le rodeaban.
Sabía que huir era de cobardes, pero estaba claro que o hacia eso o moría desintegrada por los falsos abrazos del amor, por la cobardía de la continua necesidad de querer cada vez más. Un descontrol equívoco, un agobio que olía a sufrimiento eterno y una lluvia constante en la mente de alguien que tenía ilusiones.
Esa aparatosa sensación de encontrar un por qué a todas las preguntas que se hacía. Pero decidió hacer lo correcto.

Y lo correcto era justo lo que no estaba en sus planes.

Se armó de valor, desintegró su armario de ropa y decidió que esta vez su armario estaría colocado en una maleta. Cogió lo más valioso que tenía, todos los objetos que más habían significado para ella, TODO.

Aquella chica anduvo por todas las calles respirando aire puro, libertad, serenidad. Respiraba paz interior sabiendo que estaba cambiando su vida en ese preciso momento. Que todo lo que había soñado hasta ahora se quedaba en aquella casa, en aquellos bancos, en aquellas conversaciones, en aquellas miradas que hablaban solas. Todo se quedaba allí y ella empezaba una nueva vida dejando su ciudad.

Al llegar al misterioso sitio, se lanzó sola en mitad de aquella inmensa cama. Sacó todas las fotografías, deshizo las maletas, y gritó: EMPIEZA MI NUEVA VIDA.
Allí, sola. Alejada de todo y no buscando respuestas. Sólo se repetía a si misma que esta era la vida que estaba eligiendo. La vida que necesitaba, la vida que quería, la vida que ya no ahogaba.

Se sentó en aquella inmensa terraza, sacó de nuevo su paquete de cigarrillos y se fumó el primero.
El primer cigarro en aquel nuevo lugar, el primer cigarro dónde el humo ya estaba difuminando la amarga imagen de aquel jodido hombre. Y aunque todo a su alrededor era desconocido para ella, supo que desde ese momento jamás podría arrepentirse por haberse marchado.


Y se perjuró a si misma que nadie nunca más llegaría a despertar la fiera que llevaba dentro. 

ESTA VEZ, SÍ QUE FUE LA ÚLTIMA VEZ.

ELLA YA NO ESTABA 

y no hicieron lo imposible para evitarlo







Si no contesto a tus llamadas
date cuenta estoy cansada
escucha atento...

Ya no tengo miedo de perderte


Y DESDE ENTONCES, EL NÚMERO AL QUE LLAMABA...ESTABA APAGADO O FUERA DE COBERTURA, para siempre.


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