Se acabaron las explosiones del verano, los desastrosos laberintos amorosos y las ganas de esa sed. Me has tumbado en el suelo y has decidido dibujar con tus dedos un corazón en la palma de mi mano. Debería contarte que ya no me sabe a nada, que la escritura está muy bien contigo pero el amor no es suficiente con lo que yo temo.
¿Qué pasaría si dentro de diez años nos volviéramos a cruzar y decidiéramos entrelazar todo de nuevo?
Acabo de coger mi taza de café mientras te suelto la mano y, con mi cigarrillo en la otra he estado pensando que contigo, Querido Otoño...nada llega por casualidad.
¡Bienvenido seas!