Ya no recuerdo cuando te dije adiós por última vez. Pero sí recuerdo cuando me lo dijiste tú. He ido tantas veces en tu búsqueda que perdí la cuenta. Seguir tus pasos nunca fue fácil, eras alguien demasiado silencioso y no quisiste dejarme huellas para poder encontrarte.
Nunca cumpliste las normas del juego. Tú sabías dónde encontrarme y yo sólo podía permitirme el dar vueltas en giros de ciento ochenta grados para encontrarme conmigo misma.
Era fácil quererte, era fácil hacerte sonreír. Sobretodo cuando no discutíamos o no utilizábamos aquellas horas para desgastarnos el amor. Brevedad pero intenso.
Quizás compartimos más de media vida porque intensificamos los segundos que eran nuestros, compartimos desayunos y meriendas, comidas y alguna cena. Compartimos llamas que se apagaban con la fuerza del viento, una marea que llegaba y un aire helado que calaba demasiado fuerte dentro de nuestros huesos.
Quisimos ser gladiadores. Tú contra mi y yo contra ti.
Y tu silencio me ganó.