Palacios sin reino

El invierno impregnó el frío en mi vida, los huesos endurecieron más de la cuenta y se convirtieron en hierro. El hierro desplomó las promesas y se dispersaron por todo el planeta. Me sabías a resacas de amores malheridos, a ramos de rosas que pinchan con espinas, a traiciones de sorbos de vino, a palacios sin reino, a canciones sin melodía y a gargantas con voces dormidas. 
Malgastamos el tiempo en los bares, murmurando entre dientes mientras intentábamos cambiar el viento por el aire. Rompimos caricias y conflictos, mejillas sonrosadas por miradas infinitas. 
Dejamos atrás las rimas de Bécquer para sumergirnos en los versos de Lorca y cambiamos el querer estar por el punto y final. 
El invierno impregna de frío. Igual que el frío despierta la curiosidad por la vida. 

Fue culpa de Lorca, de tus manos que rozaban mejillas y de tus promesas de palacios sin reino.