Me alegro, me alegro mucho. De hecho, me encanta.
Una vez (recuerdo aquel momento como si de ahora mismo se tratara) me contaron que jamás, jamás de los jamases entre todos los jamases existentes del mundo, me fiara de nadie. Y he pecado. Por inocente, por querer dar sin recibir a cambio. BASTA.
Realmente, las cosas que suceden en esta vida vienen determinadas por una sucesión de hechos que nuestra mente va seleccionando. Si tú me miras, yo te miro. BASTA.
Si tú me miras yo no tengo porque mirarte, y punto. Si tú quieres hablar yo no tengo porque escucharte.
La vida nos pone a prueba continuamente y ojalá peque tantas veces como esta última. Es totalmente necesario...
Las sopresas negativas se plantan frente a ti como si de un suspiro se tratara. Como aquel ahora te miro y ahora no, como aquella sonrisa repleta de odio.
Sonrisas, cuatro abrazos maquillados de dulcura demasiado amarga, miradas que jamás mostraron claridad y que aún así eran consideradas miradas. BASTA.
Pero jamás diré un BASTA cuando necesite arrancarme a mi misma. Porque lo necesito. Necesito seguir descrubriendo hasta dónde soy capaz de llegar, hasta dónde puedo pecar. Porque pecaré. Pecaré y quiero pecar yo.
Dentro de la bondad y la inocencia, siempre, absolutamente siempre, hay una maldad incontrolada.
¿Y tú que piensas?
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario