Cierro los ojos, los abro, los vuelvo a cerrar. Me miro la mano, cierro el puño y lo abro. Tiembla mi pie, cruzo las piernas, me deslizo sentada.
Nada es real. Estoy viendo sólo lo que quiero ver, agujereando la venda que llevo en los ojos; me molesta la luz.
Pero al mismo tiempo me da pánico la ocuridad. Miedo, horror, temblor, sudoración.
Recuerdos.
No me mires.
Asco.
Te devuelvo la mirada. Esa mirada que tanto tiempo tardé en construir. Mi medicina fue el optimismo y las ganas de luchar.
Tú no fuiste nunca persona.
Y se largó la pesadilla que habitaba en mi conciencia...
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