No encontrar una salida es algo horroroso cuando tenías previsto retomar una nueva dirección. Es como si algo se hubiera dedicado a hacer añicos cada uno de los objetivos que te habías marcado. Buscas, pero por más que te dediques a ordenar cada una de tus acciones estás enloqueciendo de rabia, culpa de la nostalgia y de los recuerdos que invaden cada una de las palabras.
Querer empezar de cero, como tantas veces has hecho a lo largo de tu vida. Pero empezar sin querer ocultar una realidad pasada, el camino recorrido con los pies descalzos. Unos pies que están cansados de asumir tanta responsabilidad.
Llevar en ti una etiqueta que te marca de por vida, llevar a cuestas el dolor que nunca ha podido desprenderse de ti, la carga mental de saber que podrías haber evitado muchas cosas si hubieras sido lo suficientemente valiente como para echar a correr a tiempo, haber plantado cara y haberlo entendido antes de llegar a fracasar.
Escucharte lo suficiente como para comprender que nada está escrito, que en realidad no somos más que aire que respiramos y que nadie puede ser más que otro aunque se intente querer aparentar algo que no eres.
Querer reír cuando tu corazón sigue bombeando la rabia y la furia que nadie entiende, querer saltar y entender que dos zapatos pesan mucho más que las fuerzas que utilizas para huir.
Huir de algo que no sabes lo que es. Querer desprenderte de todo, olvidando quién eres, qué querías ser y a dónde querías ir. Olvidarlo todo, como si nada hubiera pasado.
Pero entiendes que sólo necesitas hablarlo, que necesitas masticar con alguien pedazos de realidad. Y entender que evadirte sólo provoca la autodestrucción.
Pero lo más impactante, es recordar que quizás, algún día, deberías perdonarte por todo aquello.
Sal de mi cabeza por favor... has definido tan bien lo que siento, que me ha dado miedo leerlo. Supongo que todo el mundo tiene una carga del pasado de la que no puede desprenderse, y tras mucho pensar, he decidido que hay que construirse un futuro que acepte esa tara que cada uno lleva, y aprender de lo que ha pasado...
ResponderEliminarY a lo de que hay que hablarlo, tienes toda la razòn, y sabes que aquí me tienes para li que quieras... un besito.
No tengas miedo a leerlo. La vida es tan complicada que solemos aferrarnos al pasado, por eso llevamos esa etiqueta y no podemos desprendernos de lo que tanto daño nos hizo. Te llamo pronto, no puedo dejar de saber de mi gran amiga del norte. Un besazo.
ResponderEliminarQue cierto lo que escribes Laura,nos aferramos al pasado en momentos equivocados de la vida,por el sufrimiento y dolor que nos dio la vida con dureza.pero siempre ha hi algo bonito y vello para segir.un beso y sigue escribiendo
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