Todos hemos creído en el amor alguna vez

Venga ya, todo el mundo ha creído en el amor alguna vez en su vida... no nos mintamos a nosotros mismos. Lo que pasa (a mi parecer) es que le tenemos un pánico descomunal cuando nos sentimos sin él y nos encontramos solos frente a esta palabra. Ataque de pánico para unos. Quizás asusta verte solo, para otros es una gran satisfacción esa sensación de independencia. Pero qué más da... porque todos hemos creído en el amor alguna vez. ¿O no es así? 
Tal vez nos asusta más saber quién será esa persona que nos va a acompañar, o puede que sea esa incoherencia de sentimientos que se entremezclan al principio de cualquier relación que se inicia de manera improvisada. 
Estamos acostumbrados a pedir mucho y a hacer poco. El amor asusta (a veces) y da vértigo. Y no hace falta que nos lo cuenten porque la mayoría lo hemos vivido en carnes propias y nos hemos llevado con nosotros mismos la felicidad de esas cuatro letras y los lloros de sus propias consecuencias. 
Pero todo esto no nos frena para seguir creyendo o perdiendo la ilusión por él. Y es que en realidad jamás podremos encontrar un protocolo establecido para las emociones ni una guía básica para saber comportarnos ante las situaciones sentimentales que nos vengan de cara. Porque a veces vienen solas y otras nos vienen forzadas. Por eso creemos que cerrar los ojos nos hará sentir más y dejar de respirar nos permitirá con el tiempo recuperar el olor de esas cuatro letras.
Siento comunicarlo de esta caótica manera (mi manera), pero muchas veces, cuando dejas de creer en algo... hay un caos infinito y atrapante que te recuerda que las misiones del amor tampoco tienen fecha. Y entonces aparece. Aparece cuando menos lo esperas y esas cuatro letras entrelazadas con el perfume de esa persona cobran el sentido que habían perdido por si solas. Acostumbrando tu propia vida a su sombra, entre sonrisas y lazos en las manos buscando esa sinrazón que te anestesia con sus otras cuatro letras, las mismas que las tuyas. 

Y ésta vez no te lo pierdes. Caminas con los ojos abiertos y respiras profundamente adentrándote a la maravillosa historia que un día descolocó tus planes para volver a colocar la ilusión.