La cursa no fue fácil. Era como quedarme encerrada en El Retiro durante toda una tarde intentando encontrar la salida, como si mis capilares se hubiesen vuelto locos y no encontraran el modo de hacer intercambios gaseosos o como si el oxígeno se hubiese quedado atrapado en una capa superior por encima de la tierra.
La cursa no fue fácil. No lo fue porque era como quedarme atrapada en una habitación de tres paredes y, cuando por fin conseguía encontrar la puerta, ésta se transformaba en la cuarta pared.
La cursa no fue fácil. Era como masticar la vida conmigo misma y aceptar parte del currículum que definía mi existencia.
La cursa no fue fácil. No fue fácil porque me di cuenta que en la cursa dónde yo participaba no estaba inscrita. Tuve que volver para inscribirme y sentirme participe de lo que yo quería. Un hueco, un espacio, algo que determinara mi nombre.
La cursa no fue fácil. Tampoco lo será.
La cursa no termina nunca.
No quiero que termine nunca.
La cursa es sólo mía.
La cursa es de cada uno.